El buen soldado | Page 7 of 156

Author: Ford Madox Ford | Submitted by: Maria Garcia | 23147 Views | Add a Review

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siguiendo únicamente nuestros impulsos? Es todo muy oscuro.

CAPÍTULO II

No sé cuál es la mejor manera de escribir esto…, no sé si sería más conveniente tratar de empezar por el principio, como si fuera un cuento; o narrarlo desde la lejanía en el tiempo, tal como yo lo recibí de los labios de Leonora o del mismo Edward.

De manera que durante un espacio de dos semanas aproximadamente me imaginaré en una casa de campo, a un lado de la chimenea, con un oyente favorablemente dispuesto frente a mí. Y me dedicaré a hablar en voz baja mientras se percibe a lo lejos el ruido del mar, y, por encima de nuestras cabezas, la gran marea negra del viento saca brillo a las estrellas. De cuando en cuando nos levantaremos, llegaremos hasta la puerta, contemplaremos la enorme luna y diremos: «¡Caramba, brilla casi tanto como en Provenza!». Y a continuación volveremos junto a la chimenea, con algo así como la sombra de un suspiro porque no estamos en esa Provenza donde incluso las historias más tristes se vuelven alegres. Considérese si no la lamentable historia de Peire Vidal. Hace dos años Florence y yo fuimos en coche desde Biarritz a Las Tours, que está en los Montes Negros. En medio de un valle tortuoso se alza un inmenso pináculo y sobre él hay cuatro castillos: Las Tours, las Torres. Y el mistral soplaba con tanta fuerza en el interior de ese valle que comunica Francia con Provenza que las hojas grises plateadas de los olivos parecían cabellos flotando al viento, y las matas de romero se introducían furtivamente entre las rocas de color hierro para evitar que el viento las arrancase de raíz.

Fue, por supuesto, la pobre Florence quien quiso ir a Las Tours. Deben ustedes darse cuenta de que, si bien su brillante personalidad procedía de Stamford, en Connecticut, era una graduada de Poughkeepsie. Nunca conseguí imaginarme cómo lo hacía…, cómo lograba ser tan peculiar y tan parlanchina.

Con su mirada distante…, que no tenía nada de romántica, sin embargo…, quiero decir que no daba la impresión de estar teniendo sueños poéticos, ni de que le mirase a uno sin verle, ¡porque la verdad es que casi nunca te miraba…!, con una mano en alto, como si quisiera silenciar cualquier objeción… o cualquier comentario si vamos a ello…, lo cierto es que Florence hablaba. Hablaba sobre Guillermo el Silencioso, sobre Gustavo el Locuaz, sobre los trajes de París, sobre cómo vestían los pobres en 1337, sobre Fantin-Latour, sobre el tren de lujo París-Lyon-Mediterráneo, y sobre si merecería la pena apearse en Tarascón y cruzar el puente colgante barrido por el viento para atravesar el Ródano y ver una vez más Beaucaire.

Nunca visitamos de nuevo Beaucaire, por supuesto…, la hermosa Beaucaire, con la alta torre blanca triangular, que parecía tan delgada como una aguja y tan alta como el Flatiron, entre la Quinta Avenida y Broadway…, Beaucaire con sus murallas gr

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Comments

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Alice
Great book, nicely written and thank you BooksVooks for uploading

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